Días de Guardar

Este cambio de época lleva una velocidad que muchas veces no sentimos. Tratamos de darle continuidad a nuestras vidas, adaptándolas a las circunstancias, pero tratando de mantener ciertos hábitos y ciertas costumbres que, pensamos, nos daban sentido antes de la pandemia. Sin embargo, debemos reflexionar sobre lo que nos es útil y lo que ya no funciona para construir un mejor futuro.

Estos días, que la tradición identifica también como un espacio de resguardo para meditar acerca de lo que hicimos y haremos, los podemos enfocar en el análisis de lo que podemos hacer como ciudadanos para resolver los problemas que enfrentamos en el país.

Sin dejar de poner atención al desarrollo de esta etapa de la contingencia sanitaria, una que esperamos nos lleve a la convivencia sin mayor riesgo, hay que encontrar el tiempo necesario para definir las maneras en que podemos contribuir, desde donde nos encontremos, para que el país alcance la paz y la tranquilidad que merecemos.

Involucrarnos mucho más en los espacios de participación civil, incrementar la denuncia de todo aquello que afecte nuestro buen y bien vivir, rechazar conductas antisociales y apoyar el trabajo que despliegan las instituciones de la nación para que las causas de la inseguridad sean atendidas, siguen siendo formas de aportar diariamente a que el país crezca en todos los sentidos.

A pesar de los acontecimientos, llevamos dos años de pandemia y encima un conflicto bélico internacional todavía de pronóstico reservado, el país mantiene una estabilidad que nos permite discutir en muchas ocasiones, debatir en otras, aunque lo ideal sería dialogar sobre aquello que nos une como mexicanas y mexicanos.

Uno de esos denominadores comunes civiles puede ser la revaloración de muchas personas que no se han detenido un solo día para ayudarnos a los demás a navegar por la pandemia y, desde antes, a conseguir que vivamos en entornos seguros. Me refiero a las y los profesionales de la salud, médicos, enfermeras, policías, guardias nacionales, integrantes de nuestras Fuerzas Armadas.

Los roles sociales que se asumen desde la parte pública deben contar con nuestro respaldo, porque la mayoría de las mujeres y hombres que eligen dedicar su vida a la protección del resto no siempre son reconocidos como merecen y eso es un error que se convierte en un obstáculo importante para que logremos la paz a lo largo del territorio nacional.

Si hay algún sentimiento que deberíamos privilegiar respecto de esa mayoría de servidoras y servidores públicos, es el orgullo. Son ciudadanos que, uniformados, desempeñan una labor compleja, de mucho compromiso y sacrificio que no cesa. Informarnos sobre sus funciones, capacitación, valores, jornadas de trabajo, habilidades y hasta lo que significa ser un integrante de una institución de seguridad pública en el ámbito personal familiar, les aseguro que cambiará la percepción que tenemos de ellas y de ellos.

Nuestra convivencia con quienes integran las instituciones de seguridad es casi siempre de primer contacto. En cualquier eventualidad entre vecinos, asistencia en la calle o en la colonia, apoyo en una situación de emergencia, recurrimos a ellas y a ellos para encontrar una solución o para que nos protejan ¿No vale la pena destacar las buenas acciones que llevan a cabo y ponerlas al mismo nivel de las que no lo son? Las malas noticias tienden a llegar más rápido que las buenas, pero eso no quiere decir que no existan o que no sean más en número. Creo que uno de los problemas sociales que nos afectan es que podríamos prestar más atención a lo bueno que ocurre, sin dejar de exhibir lo que nos aqueja.

De hacerlo, nos daremos cuenta de cientos de situaciones diarias en las que una mujer o un hombre que pertenece a una institución de seguridad pública interviene para ayudarnos, ya sea en el transporte público, en las calles o en la entrada de un edificio que es resguardado.

Mantener una conducta correcta, sabiendo que su imagen ante muchos ciudadanos no es la que podría ser, habla mucho de la vocación de servicio que desarrollan la mayoría de ellos. La pregunta hacia nosotros es cuál es la percepción que ellas y ellos tienen de ciudadanos a los que están convencidos de proteger, pero que no los valoran adecuadamente.

Siempre que me han preguntado qué hacer con los malos elementos de alguna institución de seguridad pública, mi respuesta sigue siendo la misma: a los buenos se les reconoce y a los que no lo son se les denuncia. Podemos empezar por ahí y cambiar nuestro comportamiento hacia quienes en su mayoría están, se los aseguro, del mismo lado que todos los que buscamos vivir en paz y con tranquilidad.

Un ejemplo: desde hace varios meses tengo el privilegio de encabezar como Comisionado al Servicio de Protección Federal. Es una institución que cuenta con 13 años de historia apoyando a que habitemos en un país seguro y pacífico. Lo integran personas con alto sentido de lealtad, honestidad y profesionalismo. Está reclutando y es una muy buena oportunidad de trabajo para quienes desean aportar a este esfuerzo nacional para convivir en espacios seguros.

Agradezco que compartan o sigan nuestras convocatorias en en redes sociales en Twitter/ @spf_sspc y Facebook /Proteccionfederal1 ; a los correos electrónicos [email protected] , [email protected] ,y a los teléfonos lada sin costo 800 00 77377, directo (55)54846733 y/o conmutador (55)54846700 extensiones: 68482, 68483, 68486 y 68515.

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