Por una #SociedadHorizontal

El presidente López Obrador declaró que se establecerá un control de precios en los alimentos si la inflación no baja. En una de sus conferencias mañaneras subrayó: “Hemos podido controlar la inflación, que no se nos salga de control por completo, por el manejo en los precios de los combustibles y lo mismo vamos a hacer en el caso de los alimentos si se prolonga la inflación o si se mantiene alta”. Este comentario ocurrió días después de que el Banco Central incrementara la tasa de referencia a 6.5% y de que la inflación general se ubicara en un 7.29% durante la primera quincena de marzo.

El aumento actual en el índice general de precios es el más alto que se ha experimentado en el país desde el año 2000, cuando la tasa se ubicó en 8.96%. Esta cifra se encuentra muy por encima de los objetivos establecidos por el Banco de México, que estimaba mantener la inflación en un rango del 3% para el 2022. Más allá de la legítima preocupación que existe por esta situación, que impacta directamente la economía familiar, especialmente de los más pobres, es indispensable entender porqué se han elevado los precios en muchas partes del mundo.

En primer término, la inflación hoy es en gran medida, un fenómeno global. La volatilidad generada en los precios de las materias primas -principalmente hidrocarburos y productos agropecuarios- provocada por el COVID-19 y ahora extendida por la guerra en Ucrania, aunada a la prolongación de los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales, son causas directas de la inflación imperante. Adicionalmente, situaciones atípicas como la “crisis de los contenedores” mantienen incrementos significativos en las tarifas del transporte marítimo, lo que impacta en el costo de los productos comercializados.

Otras distorsiones que afectan los precios internacionales, son la escasez de mano de obra en países desarrollados. También ha incidido la falta de semiconductores para fabricar autos, computadoras o celulares. Por último, hay que recordar que la inflación también se ha incrementado debido a la enorme cantidad de dinero que la mayoría de los bancos centrales inyectaron a sus economías, con la finalidad de mitigar los estragos ocasionados por la pandemia.

A partir del listado expuesto, habría que prever que incrementos en la tasa de interés resulten insuficientes para disminuir el grave impacto que ha generado la caída en la oferta agregada, al mismo tiempo que impacten gravemente en la inversión y por ende en el crecimiento.

Según cifras del Inegi, el precio de los alimentos de la canasta básica es lo que más han golpeado el bolsillo de los mexicanos. En este contexto, debemos recordar que en el pasado, las fijaciones de precios generaron desabasto de los productos que se intentaba proteger, al mismo tiempo que incentivaron la aparición de “mercados negros”, en los cuales estos productos fueron comercializacios a elevadísimos costos de escasez.

En un contexto como el que vivimos, lo más importante es que los establecimientos puedan ofrecer productos en un marco de libertad de precios. Hoy lo que esta en juego es garantizar el abasto oportuno de productos. Es ahí donde se tiene que enfocar la política pública. Si acaso hubiera una intervención gubernamental, sería precisamente en empujar a la oferta donde debemos enfocarnos y evitar más distorsiones en los mercados.

En un entorno global complejo, se requieren recetas acertadas. La #SociedadHorizontal debe tener consciencia de esto.

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Por una #SociedadHorizontal

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