Castellán:”Los partidos de la Davis se ganan con el corazón”

Falta poco, muy poco para que el equipo argentino de Copa Davis haga su presentación en Qualifiers 2022 enfrentando a República Checa en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. El clima copero ya comienza a sentirse en el ambiente tenístico pero esto no es algo nuevo. Pasa ahora y pasó hace 40 años atrás, en 1982, cuando el rosarino Carlos Castellán formó parte del equipo argentino, liderado en ese entonces por dos leyendas como Guillermo Vilas y José Luis Clerc.

Para Castellán el recuerdo de esa serie en la que tuvieron que enfrentar a Alemania en un repechaje por la permanencia sigue intacto, tanto como la catarata de emociones que todos los jugadores vivencian en la previa y en los mismos partidos. El tiempo no pudo hacer mella en los recuerdos de este hombre que hace treinta años trabaja en el Jockey Club, donde primero lo hizo como director de la escuela de tenis y ahora como capitán de todo el tenis del club. Esta agradecido por eso y siente al Jockey como su casa. Fue precisamente allí, en el corazón de Fisherton, donde el primer rosarino que jugó Roland Garros, habló de su experiencia en la Davis.

¿Cómo se vive una Copa Davis?

Se vive con mucho nerviosismo… y es algo raro. Uno está acostumbrado a jugar solo, y que si perdés o ganás, se alegraran o se pondrán tristes tus padres y los que te quieren, nada más; pero con la Copa Davis uno siente que tiene un peso extra ya que toda la gente está pendiente de cómo te va. Representás al país y tenés una hinchada a favor.

Llegar a esa instancia no debe ser fácil

Previamente tenés varias etapas. La primera es la nominación, que es cuando te designan para jugar la Copa Davis. Ya ahí sentís que es un orgullo pero también sentís el peso de la responsabilidad. La segunda, es la semana previa de entrenamientos y la tercera, cuando te dicen si jugás o no.

Para llegar a ese tercer paso, el capitán se va fijando en el día a día

Sí, pero en mí época era más fácil porque estaban Guillermo Vilas y José Luis Clerc. Nosotros éramos un poco el relleno de Vilas y Clerc, porque ellos eran los indiscutibles. No obstante muchas veces a nosotros nos tocó jugar, algo que pasaba generalmente cuando ellos ya habían ganado los puntos o faltaba uno por ganar.

¿Cómo era jugar con ellos?

Entre ellos estaban peleados y a nosotros esa situación nos hacía difícil las cosas. Era un Boca-River, y vos tenías que ir para un lado o para otro. En esa época estábamos Ganzábal, Cano, Bengoechea y yo, y junto con Ganzábal tratamos de estar en el medio cuando jugábamos la Copa Davis.

Debés tener miles de anécdotas

Te cuento una. Jugamos una Copa Davis en Timisoara, Rumania. Ese fue el peor conflicto que vivimos. Vilas estaba con Ion iriac y todo su grupo, Clerc que estaba con el Pato Rodríguez y su grupo; y después estábamos Bengoechea, Cano y yo, los tres en el medio. Cuando te sentabas a la mesa para comer, de un lado se sentaban los de Vilas, del otro los del Clerc y nosotros en el medio y podíamos hablar con unos y otros. En esa época el capitán era Roberto Graetz, quien según Clerc era puesto por Vilas y por eso no lo hablaba. Era tan así que en los partidos de dobles Vilas se sentaba con el capitán y Clerc ponía su silla al lado de la línea de saque, y así y todo ganaban. Una locura total. Y nosotros viendo todo eso desde afuera.

Lo que hubiesen sido si no hubieran estado peleados

Nosotros vivimos una época de conflicto en la Copa Davis. Ni ellos sabían por qué estaban peleados. Era una cuestión de egos y siempre fue igual. Vos tenías que entrenar con uno o con el otro porque no se hablaban. Vilas era el número uno indiscutido en esa época y Clerc venía atrás.

Eran dos personalidades diferentes

Vilas era una estrella de rock. No sabés lo que era caminar por París con él. En una viaje a Memphis se rompe el avión y tuvimos que parar en Perú. Fuimos a un hotel y me tocó dormir con él. A la mañana siguiente me levanto y no lo encuentro en la habitación. Lo empecé a buscar y lo encontré adentro del placard durmiendo con su colchón, porque adentro de la habitación hacía mucho frío y él quería dormir bien para no dar ventajas. Vilas era un obsesivo del tenis. Podía entrenar siete horas seguidas sin salir de la cancha. Cambiaban los sparrings y él seguía sin problemas, como si nada. Clerc nada que ver, era más descontracturado.

En 1982 Argentina pierde con Francia en los octavos de final y tiene que jugar un repechaje con Alemania por la permanencia del Grupo Mundial. ¿Qué recordás?

Contra Alemania, Vilas y Clerc ya habían ganado los tres puntos y los dos restantes los jugábamos Ganzábal y yo y perdimos los dos: Vilas le ganó a Beutel, Clerc a Maurer y en doble Vilas y Clerc le ganan a Maurer-Popp y consiguen el tercer punto. Después yo pierdo con Beutel y Ganzábal con Westphal.

¿Cómo calificarías a la Copa Davis?

Son difíciles, siempre lo fueron. Hoy el capitán puede elegir los jugadores, pero sigue siendo un deporte individual, tiene todo muy limitado.

Pero quizás alguna palabra del capitán en el momento justo puede cambiar el rumbo de un partido. Guillermo Coria, con su experiencia, tiene una visión del juego que no muchos la tienen.

El sí puede darle una indicación, porque el jugador la recibe de un tipo que respeta, que sabe que fue número 3 del mundo, que tiene chapa. Además tiene un grupo de gente que lo acompaña, no está solo.

¿Qué pensás de la elección de Coria como capitán del equipo argentino de la Davis?

Para mí esa elección fue muy buena, porque le da un cierto marco de respaldo al equipo. Tener un capitán como Coria al jugador le da un respaldo, le da más espalda. A mí me parece bien, tanto como que la Asociación Argentina de Tenis esté manejada por gente que jugó. Antes esos puestos eran más dirigenciales y hoy saben más cómo es el campo, saben de qué hablan. Coria, cuando habla con Caleri, lo hacen en el mismo idioma. Antes ibas y hablabas pero te dabas cuenta de que esos dirigentes vivían en su mundo. Además ahora hay respeto entre todos. Antes tenías que hablar con un hombre que sabías no sabía de tenis y que no estaba a tu altura para hablar de tenis más allá de que dirigencialmente era bueno.

¿Cómo crees que se puede dar la serie con República Checa?

Para mí Argentina va a ganar la serie. El equipo argentino no tiene un muy buen ranking, salvo Schwartzman, pero es batallador y le puede ganar a cualquiera.

Además juega de local

El hecho de jugar de local influye. Ponés la cancha, la superficie, todo… Y la gente influye para bien.

¿No presiona?

La gente influye para que nunca decaigas. Ahí no podés tirar un partido, no podés aflojar. Hacés todo lo que podés y si lo perdés, lo perdés porque el otro fue mejor, no porque no pusiste todo. En un partido de ATP, a lo mejor tenés días donde te embolás y tirás el partido… ahí no se puede. Llegas al máximo de tus ganas. Eso te puede favorecer o te puede jugar en contra, depende del jugador. Hay algunos que son coperos, como Nalbandian, por ejemplo. El rendía mucho más en Copa Davis que el Circuito. Ese, a futuro, creo que también sería un buen capitán de Copa Davis.

En este tipo de enfrentamientos, como el que va a tener Argentina con República Checa, ¿gana la táctica o el corazón?

Estos partidos se ganan con el corazón, sin dudas.

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Prepara el derechazo. Castellán en su época de jugador.

¿Cómo nació tu amor por el tenis?

Nací a cuatro cuadras del country y mis padres jugaban al tenis. Ellos, en realidad, no me daban mucha bola y acá en el club hacés todos los deportes. Pero me agarró Armando Marquardt que era un profe que tenía el club y a los nueve años empecé a entrenar y me fascinó. Venía a jugar todos los días. Me acuerdo que cuando llovía venía con el secador desde mi casa, para secar el frontón y poder jugar. A los 11 años empecé a ganar en Juniors y me entusiasmé. Después empecé a viajar a Buenos Aires, porque acá no había mucha competencia. Me acuerdo que terminaba el colegio y los viernes a la noche me iba, entrenaba sábado y domingo, y volvía el lunes, así podía jugar con otra gente… acá entrenaba. A los 14 años empecé a viajar y competir, y de los 18 a los 26 jugué de manera profesional. Después me fui a Alemania y tuve un complejo tenístico. Estamos hablando de 40 años atrás. Imaginate lo que era el deporte… El mundo era otro mundo. Jugabas y nadie se enteraba que jugabas.

Fuiste el primer rosarino en jugar Roland Garros

Sí, y eso es un orgullo enorme. Para nosotros es el torneo más importante porque se juega en polvo de ladrillo que es la superficie que mejor nos sienta.

¿Cuándo supiste que podías vivir del tenis?

A los 17, pero vivir del tenis en mi época era dificilísimo. Calcula que Vilas cuando gana Roland Garros gana 20 mil dólares cuando un pasaje para ir a Europa nos salía 5 mil. Era una relación que hacía que nos tengamos que quedar ocho meses en Europa, porque no podíamos volver como lo hacen ahora. Era carísimo y en un punto teníamos que justificar el viaje. Cuando jugué en Roland Garros gané 1000 dólares y así tenías que ir jugando un montón de torneos. No había televisación, no había celulares, no había nada. Era un deporte que no había explotado. Explota con Vilas y después vienen las publicidades, los canales deportivos y todo eso.

El tenis, ¿te dejó amigos?

Sí, un montón y también muchos contactos afuera. Compartí mucho con Alberto Argüello, jugábamos casi todas las finales.

Cuando uno dice 1982 enseguida lo asocia con Malvinas. ¿Qué recordás?

Ese año me tocó la colimba. Cómo era la época de Malvinas nos mandaron a La Tablada. Hice dos meses de instrucción, en el campo, durmiendo en carpas y después terminó la guerra. Hasta ese momento no podíamos viajar y los partidos se jugaban igual. Después, cuando las cosas se acomodaron un poco, recién ahí pudimos viajar.

¿Cómo me definirías tu paso por el tenis?

Yo puedo decir que tuve una vida muy linda, y sinceramente no me arrepiento de nada.

Si tenés que elegir un momento de carrera deportiva y ponerlo en un cuadro. ¿Cuál elegís?

¿Un momento? (Piensa)… El triunfo en el Abierto de Francia de 1982, cuando le gané al francés Jérôme Potier en un partido de la primera ronda que se fue a cinco sets (6/4, 5/7, 0/6, 7/6 y 7/5). Fue un partido que duró seis horas y terminé todo acalambrado… los dos terminamos igual. Ganar un partido así, tan largo, y de la manera en que se dio lo hizo inolvidable.

¿Tuviste alguna decepción grande en el tenis?

Decepciones no, sí lesiones. Recuerdo una vez en España, que había ganado un par de partidos y había logrado meterme en los cuartos de final y no pude seguir jugando porque me desgarré los abdominales. No fue la lesión en sí, sino el hecho de que tuve que estar parado un mes en Europa, sin poder facturar y sin poder volver, porque nos salía carísimo… nos salía más barato alquilar un departamento. Comerte una lesión en un país extranjero, sin poder entrenar, sin poder hacer nada, era terrible. No fue una decepción, pero cuando te lesionas te deprime.

¿Seguís jugando al tenis?

En el tenis es un deporte que te da muchas alegrías y en mi caso particular no me quedó ninguna cuenta pendiente, pero hoy por hoy no juego ni que me den una raqueta que juegue sola. Prefiero ir a jugar al golf.

¿Es por algo en particular?

La mayoría de los que fueron profesionales del tenis, como lo fui yo, no siguen jugando al tenis cuando se retiran. Son muy poquitos a los que les gusta jugar por placer, porque hay una realidad: 1) es como que no tenés ganas y 2) es como en un tiempo hiciste un deporte bien y empezás a ir para atrás, dicho en otras palabras ¡cada vez jugás peor!

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Castellán:”Los partidos de la Davis se ganan con el corazón”

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